viernes, 8 de julio de 2011

...CUANDO SE JUGO TODO EL PODER

CUANDO SE JUGO TODO EL PODER
JESUS JIMENEZ LABAN


En mi vocación por el reportaje y animado por la curiosidad e investigación que demanda la historia cuando se estudia o se escribe, no puedo ocultar la emoción de ver la primera Acta del Congreso Constituyente de 1822, documento histórico que marca los inicios constitucionales de la República, un año después de la proclamación de la independencia del Perú por don José de San Martín, Libertador del Perú, epílogo de una serie de cuestionamientos al dominio español desde la revolución de Túpac Amaru II en 1780 hasta el Día de la Independencia, el 28 de Julio de 1821.

Muchos dicen que el Perú oficial se inició el 28 de Julio de 1821, lo cual es absolutamente cierto, pero no pocos olvidan que don José de San Martin publicó decretos importantes –desde su desembarco en Paracas- para implementar su Protectorado, período que duró un año al término del cual dimitió y entregó el poder al pueblo a través del Primer Congreso Constituyente de 1822 que, precisamente diera a luz la primera Constitución Política del Perú en 1823, cuya primera disposición contiene un mandamiento moral: no usar el cargo público de diputado para pedir favores o empleos, según consta en el libro de Proposiciones del Congreso Constituyente de 1822 que conserva actualmente el Archivo General del Congreso de la República del Perú. Desde entonces hasta la actualidad ha habido 12 constituciones politicas en el Perú.

Cuando se celebran acontecimientos históricos como éstos, cómo no hacer eco de la historia y del contexto en que se celebra la independencia del Perú por la voluntad de los pueblos, teniendo en cuenta los orígenes, lo que significó para el ciudadano de a pie y las consecuencias que se derivan de dicho acto histórico.

Fue, ciertamente, un acto que no vino acompañado de medidas de inclusión social, algo que explicaría las movilizaciones y revueltas producidas tras la independencia. En efecto, siguiendo a a la historiadora y bibliotecaria Carmen Vivanco, ni con San Martin ni con Bolívar se dieron la supresión del tributo indígena ni la libertad de los esclavos. Sólo se tomaría en cuenta estas medidas una décadas después, durante el período de don Ramón Castilla de mediados de siglo XIX, considerado uno de los mejores presidentes que ha tenido el Perú. Vale recordar que la manumisión de los esclavos por el Soldado de la Ley se adelantó al gobierno de Abraham Lincoln en Estados Unidos en 1865.

Por supuesto, el día de la independencia fue un hecho histórico del más elevado interés para la vida nacional porque hizo eco de la libertad como valor supremo de la gesta libertaria y de la independencia como respuesta al cuestionamiento de siglos de dominio extranjero, siguiendo las ideas del enciclopedismo francés, el saber, la educación, la república, la democracia, la libertad natural del hombre que defendieron Montesquieu, Rousseau, D`Lambert y Diderot.

En diálogo directo con historiadores del Congreso de la República no me queda duda alguna que la proclamación de la independencia del Perú tuvo origen en el pensamiento filosófico en una influencia muy grande de la Independencia de Estados Unidos de América (EUA) en 1776 y en la Revolución Francesa en 1789. Por ello mismo el Libertador Jose de San Martin, aunque quiso una monarquia constitucional para no romper del todo el statu quo, abrazó los ideales de la sistemática juridica britanica, el Derecho Anglosajón o Common Law, que inspiró tambien a los estadounidenses. Por su parte. Simón Bolívar, otro Libertador del Peru, también quiso para el pais una monarquia pero con características del regimen bonapartista. De ahí la Constitución Vitalicia (Bolivariana) de 1826. 

Todo esto nos da una idea –siguiendo al historiador peruano Heraclio Bonilla en su obra “Independencia Económica” (Código 985.04/i 1981 - Biblioteca del Congreso del Peru) que la proclamación de la independencia tiene trasfondo filosófico, pero en la misma medida motivación económica que se traduce en el cambio de manos de inversionistas del poder español al poder inglés.

Por los indicios y pruebas, este ajuste del poder se debe a un impulso británico. Débil por las invasiones napoleónicas en tiempo del Rey Fernando VII de Borbón, el Deseado, Inglaterra ayudó de manera decisiva a consolidar la gesta libertaria. ¿No es acaso cierto el rompimiento del espinazo geopolitico del Virrey Jose de la Serna por la flota al mando de Lord Cochrane, oficial naval británico?

Más allá de este contundente apoyo de la armada inglesa desde el Pacífico para que San Martin ingresara por los Andes hacia Chile y desde ahí su desembarco en Paracas en 1820 hasta la toma de la plaza de Lima, existen hechos innegables -como el anteriormente descrito- no sólo en la acción armada sino en la actividad extractiva, productiva, industrial y comercial del Peru.

Entonces, ¿fue éste sólo una ajuste de poder que tuvo enorme incidencia en la economía y escasa trascendencia para el hombre de a pie? Como nos lo recuerda la citada historiadora y bibliotecaria Carmen Vivanco, no se trataría de una independencia con motivación interna por el interés de una burguesía que buscaba –además del poder económico- el poder político. No. Se trataría de una motivación externa –como apunta también Ernesto Yépez- con intereses económicos en el Perú. Más parece el interés de una potencia de extender su colonialismo -como en el Asia y Africa de entonces- hacia América Latina y el Peru era una plaza apetitosa, se comenta.

Como recuerda el mismo historiador Yépez las primeras inversiones de capitalistas británicos se convierten en deudas para el Perú que alcanzaron gran significado en el Contrato Grace, por el que Perù cedía los derechos de explotación del guano a los ingleses,  independientemente de operaciones en el caucho, azúcar, minerales en costa y sierra y capitales puestos en infraestructura y en agricultura en la selva del Peru. Un Perú que nace endeudado a pesar de la explotación de sus recursos más preciados como el caucho, algodón, azúcar. Y, ya casi al terminar el siglo XIX, la energía, el petróleo, el salitre que desencadenaría la infausta Guerra del Pacífico.


Por lo que se habla no sòlo de una independencia política sino también de una independencia económica a la luz de algunos reconocidos y respetados historiadores entre los que se cuenta Ernesto Yépez del Castillo con su obra 1820-19120 “Un Siglo de Desarrollo Capitalista” (Código 330.985/y 49 – Biblioteca del Congreso)

Vale recordar que por siglos los cargamentos de oro y plata fueron vendidos por España a Inglaterra. Tanto valor tenían las mercancías transportadas que algunos historiadores afirman que con la riqueza del Peru se sentaron las bases del capitalismo de una epoca de expansión en Reino Unido y de otros paises de la actual Zona Euro.  Por ello, hay quienes sostienen que no es una exageración afirmar que el insumo de los recursos naturales, el oro y plata del Perú, retroalimentó el capitalismo inglés que se reforzaba desde el gobierno de Oliverio Cromwell, que se ganó el respeto internacional, aunque odiado por muchos, al convertir a Inglaterra en una república de mancomunidad (CommonWealth).  De hecho, hubo enormes volúmenes de la oferta exportable peruana desde el Perú hacia España, hecho económico que tuvo una gran irradiación en Inglaterra, Francia y otros países de Europa del siglo XIX.

No veo claro, eso sí, si la Corona Inglesa como insinúa la historia apoyó indirectamente la piratería que desvalijaba las embarcaciones con mercancías del Perú teniendo como puerto de origen Perú y como puerto de destino a España. Sin embargo, es un hecho que los ingleses penetraron con sus mercancías el mercado peruano en poder de España, en gran parte de contrabando. Y es que la piratería se había apoderado de los mares del Atlántico, especialmente en la ruta Perú España, según fuentes del Congreso peruano.

El Día de la Independencia fue también muy significativo para asegurar y garantizar la independencia de los demás países de América del Sur, muchos de los cuales se habían emancipado desde 1808 a escala continental. Desde aquel Día, el amor a la Patria -la tierra de nuestros vivos y de nuestros muertos, recordamos con orgullo y unción peruana aquella proclama jeffersoniana. El Libertador don José de San Martín, como Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia de Estados Unidos de 1776, visionó al Perú como “la fuerza detrás de un gran imperio de la libertad que promoviera la democracia y la lucha contra toda forma de dominación”, lo cual ha tenido y tiene innegable categoría en las12 constituciones políticas que ha tenido el Perú en 190 años de vida republicana.